Eucharist Eucharistie Eucaristía

La privación de la Eucaristía en el Cuerpo Místico

La noción de iglesia doméstica

“¿Cuáles serían las repercusiones de la privación de la Eucaristía en el Cuerpo Místico? “Con motivo del Jueves Santo, día de acción de gracias por el sacerdocio y la Eucaristía, fr. Jean-Ariel Bauza Salinas op. respondió a las preguntas de Zenit sobre la situación actual creada por la pandemia y la necesidad de adoptar medidas   sanitarias estrictas para detener el contagio y superar el virus.

Fr. Jean-Ariel Bauza Salinas, dominico, licenciado en teología y profesor de teología sacramental, fue durante 10 años capellán del Instituto Bergonié, Centro de lucha contra el cáncer (CLCC) de la región de Nueva Aquitania; también fue capellán diocesano de los artistas en Burdeos.  Es el Secretario General de la Orden de Predicadores en Roma desde el 2016.

AB

Original: Zenit Francais

 

Zenit – Para seguir difundiendo la Palabra de Dios, Las soluciones dadas por  internet han sido muy creativas. Sin embargo, mientras la pandemia continue, ¿no sería una urgencia pastoral reflexionar sobre las soluciones que  permitan una vida eucarística diferente de la virtual  y que al mismo tiempo respete estrictamente las pautas de seguridad sanitaria?

La Palabra de Dios se dirige a nuestra facultad de escucha, llega a nuestros oídos, y por lo tanto puede ser transmitida por los medios de comunicación. Aunque no podemos olvidar lo que la presencia “real” de una persona representa para otra… el Cuerpo de Cristo toca nuestro cuerpo desde dentro. Lo que se nos propone es realmente un cuerpo a cuerpo cuando comulgamos. Cristo vivo nos recibe cuando lo recibimos y esto no puede ser vivido virtualmente.

Hay una “urgencia pastoral”;  estas palabras resuenan fuertemente en su pregunta. Sin embargo, lo que me preocupa – esta preocupación es compartida por algunos hermanos y teólogos con los que hablé esta semana – es la falta, a veces, de un sustrato, de un “humus” menos moral y más teológico que nos permita reflexionar sobre los fundamentos de nuestra relación con Cristo para dar, desde esta base teológica y desde la perspectiva teológica, una respuesta amplia, completa y… sustanciosa. Si la urgencia pastoral conlleva sólo una multiplicación de la presencia del clero en las redes sociales, algo se pierde. La multiplicación del Pan de Vida debe acompañar a esta multiplicación de la visibilidad eclesial y nutrirla.

En lo que respecta a lo virtual, por supuesto, es de gran valor poder seguir la celebración de la Eucaristía en Internet o en la televisión  cuando uno está enfermo, aislado o confinado. Ante la imposibilidad de poder participar, uno puede asociarse en directo a los celebrantes; y así, muchos pastores han hecho todo lo posible para llegar a todos los que les han sido confiafos. Ahora bien, este no puede ser el régimen habitual de los cristianos; en Pascua, cuando celebramos el misterio central de nuestra fe, muchos fieles sienten una carencia, un vacío. ¡Es un signo de salud de su parte! Por supuesto que no se trata de un “ayuno eucarístico” lo que estarían poniendose en práctica -el padre François-Marie Léthel habló de ello en uno de sus artículos- sino de una privación de lo que les hace vivir. ¿Cómo  afrontar entonces esta situación? Lo virtual no es una solución milagrosa, e incluso la perspectiva sobre acerca de lo virtual no es igual en todas partes. Recientemente el teólogo ortodoxo Jean Zizioulas expresó su desacuerdo con la transmisión de la liturgia divina por televisión…

Se tiene la impresión de que algunos sacerdotes se resignan a esta situación y que muchos fieles han renunciado a recibir la comunión. ¿Es bueno resignarse y decir que ya  llegarán tiempos mejores en los que podremos recibir la comunión?

Hay una dimensión de la virtud cristiana que se ejerce cuando uno acepta las cosas como son. ¡La realidad dice la verdad! Es obvio que las medidas de higiene que se nos recomiendan, e incluso que nuestros Estados imponen, deben ser escrupulosamente respetadas. El cristiano no está por encima de la ley. La verdadera ley está siempre al servicio del bien común. Este es la situación actual en la se requiere esfuerzos por nuestra parte. La ordenación presbiteral no priva al sacerdote de los condicionamientos físicos y biológicos. ¡Un sacerdote destinado a encontrar un gran número de personas diferentes debido a su ministerio pastoral, puede – si está enfermo – contaminar a todos aquellos a los que ha querido servir!

También se podría pensar en la comparación de la Iglesia como un “hospital de campaña” que hizo el Papa Francisco. Los ministros del Señor que, en definitiva, son también “enfermeros o médicos” de las almas, podrían inspirarse en las exigencias sanitarias de la profesión médica cuando realizan el ejercicio pastoral.

La imposibilidad de que el pueblo cristiano se reúna en la Iglesia para celebrar el sacrificio eucarístico plantea una doble cuestión: la de la presencia en la misa y la de la comunión. La celebración de la misa ante el pueblo reunido es indudablemente imposible en las condiciones actuales. Es doloroso y lamentable; pero tal reunión conlleva, según los especialistas, un importante factor de riesgo para todos los que participan en la asamblea. Además, hay otro aspecto a tener en cuenta: la comunión eucarística, el contacto con el Cuerpo vivo y vivificante de Cristo. ¿No podríamos imaginar que el Cuerpo Eucarístico de Cristo sea llevado a los fieles para que puedan recibir la comunión respetando la tradición de la Iglesia? ¿No se hace esto normalmente para los enfermos? Es más, la presencia del tabernáculo y la reserva eucarística se justifican históricamente por tal necesidad de llevar la comunión a los enfermos. Durante diez años fui capellán  de un centro de lucha contra el cáncer, el Instituto Bergonié, en Burdeos. Cientos de veces llevé el Cuerpo de Cristo a personas en el hospital…

Pero ¿cómo hacerlo concretamente? ¿Quién podría encargarse de ello y cómo?

Durante el Sínodo para la Amazonía, una de las propuestas fue la ordenación de viri probati. La preocupación de los Padres Sinodales era, según un obispo, encontrar la manera de “hacer presente la Eucaristía en las comunidades aisladas”. El Santo Padre no adoptó esta solución en su Exhortación Apostólica. Aquello que se escuchó en el Sínodo sobre la necesidad de la Eucaristía en estas comunidades aisladas del Amazonas sigue siendo relevante hoy en día. Hoy el mundo está experimentando una situación global de aislamiento que sufren nuestras familias, nuestras comunidades religiosas, nuestros amigos célibes o solos encerrados en sus casas.

Probablemente aún no hemos desarrollado suficientemente todas las riquezas que ofrece la noción de la Iglesia doméstica. Tal vez deberíamos retomar algunas de las prácticas del régimen eucarístico experimentado en la iglesia antigua, o en tiempos de peligro o guerra, para sostener la fe de los creyentes. ¿Qué nos impide, por ejemplo, confiar la reserva eucarística a quienes sean cabeza de familia que practican cada domingo y que son fieles al sacramento de la penitencia, de poder dar la comunión a sus familias el día de Pascua, después de haber recibido al Señor bajo su techo de la manera más digna posible? Esto obviamente se aplica a los fieles que trascurren este tiempo de confinamiento juntos, o incluso, a los fieles aislados. Por supuesto que debe haber un juicio, un “discernimiento” por parte de los pastores. Habría que estudiar las cuestiones prácticas sobre “cómo hacerlo”. Por ejemplo, por parte del sacerdote, esto requeriría que tomara las máximas precauciones higiénicas en la preparación de las custodias y hostias, sin haberlas manipulado con las manos desnudas. O también incluso se debería preparar un vademécum (texto, vídeo) juntos con los textos litúrgicos sobre la administración de la Eucaristía. Además, por parte de los fieles, sería necesario preparar a los que que llevarán el Cuerpo de Cristo a sus hogares ¡En Francia, en España, en Italia existen, incluso hoy en día, muchos castillos con una capilla privada! Sin tener que construir una capilla, aquellos que quieran recibir la Eucaristía en casa podrían preparar un espacio digno, orante y bello. Así como damos la bienvenida simbólicamente a la humanidad de Cristo en nuestros pesebres, así también podríamos darle la bienvenida verdaderamente en nuestros hogares.

Esto nos acercaría a la idea de una “Iglesia en salida”, “cercana al pueblo y menos clerical”. ¿Por qué actualmente sólo el clero tiene la posibilidad real de acceder al Cuerpo de Cristo, mientras que los laicos siguen siendo destinatarios de las iniciativas virtuales propuestas por el clero? Cristo no puede quedarse en la sacristía, su cuerpo en el tabernáculo, en tanto que los fieles no pueden tener acceso a él… Lo mismo pasa cuando ciertas iglesias-museo son más frecuentadas por turistas que por la gente que reza. ¿Quién debería ir a predicar en los caminos de Galilea? En la frase “la Iglesia en salida” el sujeto de la acción es Cristo y los cristianos que están unidos a Él. Los cristianos somos Cristóforos, portadores de Cristo en virtud de nuestro bautismo, y en lo que respecta a los ministros ordenados, en virtud de una misión con respecto al don de su amor misericordioso. Es para eso que los sacerdotes están marcados con el sello de Cristo, configurados a Él. El gran desafío es estar abiertos a Cristo, para dejarlo pasar en nosotros; él va delante de nosotros gracias a la fuerza del Espíritu.

En conclusión, me parece que no podemos pasar por alto algo muy importante en estos tiempos de crisis. No debemos perder esta oportunidad de renovación interior, en el corazón de la Iglesia, en el vínculo y la unión de sus miembros. Hay algo vital, esencial, que toca las raíces mismas de la ontología eclesial. La Iglesia, Cuerpo Místico, vive del Cuerpo Verdadero. La Iglesia vive sólo de Él, a través de la acción del Espíritu. Ninguna iniciativa virtual, ningún ejercicio de piedad – incluso las indulgencias – pueden reemplazar este alimento espiritual, el Panis vivus, del cual cientos de miles de laicos se verán privados para estas celebraciones de Pascua. ¿Cuáles serían las repercusiones de esta privación de la Eucaristía en el Cuerpo Místico? El marchitamiento, la muerte. Sin el Cuerpo vivificante, la Iglesia se muere. “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”, dice el Señor (Jn 14, 6). Tomad y comed.

 

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La noción de iglesia doméstica '¿Cuáles serían las repercusiones de la privación de la Eucaristía en el Cuerpo Místico? 'Con motivo del Jueves Santo, día de acción de gracias por el sacerdocio y la Eucaristía, fr. Jean-Ariel Bauza Salinas op. respondió a las preguntas de Zenit sobre la situación actual...
<h4>La noción de iglesia doméstica</h4> <p><em>"¿Cuáles serían las repercusiones de la privación de la Eucaristía en el Cuerpo Místico? "Con motivo del Jueves Santo, día de acción de gracias por el sacerdocio y la Eucaristía, fr. Jean-Ariel Bauza Salinas op. respondió a las preguntas de Zenit sobre la situación actual creada por la pandemia y la necesidad de adoptar medidas   sanitarias estrictas para detener el contagio y superar el virus.</em></p><p><em>Fr. Jean-Ariel Bauza Salinas, dominico, licenciado en teología y profesor de teología sacramental, fue durante 10 años capellán del Instituto Bergonié, Centro de lucha contra el cáncer (CLCC) de la región de Nueva Aquitania; también fue capellán diocesano de los artistas en Burdeos.  Es el Secretario General de la Orden de Predicadores en Roma desde el 2016.</em></p><p><em>AB</em></p><p>Original: <a href="https://fr.zenit.org/articles/la-privation-de-leucharistie-dans-le-corps-mystique-par-le-fr-jean-ariel-bauza-salinas-op/">Zenit Francais</a></p><p> </p><p><strong><em>Zenit – Para seguir difundiendo la Palabra de Dios, Las soluciones dadas por  internet han sido muy creativas. Sin embargo, mientras la pandemia continue, ¿no sería una urgencia pastoral reflexionar sobre las soluciones que  permitan una vida eucarística diferente de la virtual  y que al mismo tiempo respete estrictamente las pautas de seguridad sanitaria?</em></strong></p><p>La Palabra de Dios se dirige a nuestra facultad de escucha, llega a nuestros oídos, y por lo tanto puede ser transmitida por los medios de comunicación. Aunque no podemos olvidar lo que la presencia "real" de una persona representa para otra… el Cuerpo de Cristo toca nuestro cuerpo desde dentro. Lo que se nos propone es realmente un <em>cuerpo a cuerpo</em> cuando comulgamos. Cristo vivo nos recibe cuando lo recibimos y esto no puede ser vivido virtualmente.</p><p>Hay una “urgencia pastoral”;  estas palabras resuenan fuertemente en su pregunta. Sin embargo, lo que me preocupa - esta preocupación es compartida por algunos hermanos y teólogos con los que hablé esta semana - es la falta, a veces, de un sustrato, de un "humus" menos moral y más teológico que nos permita reflexionar sobre los fundamentos de nuestra relación con Cristo para dar, desde esta base teológica y desde la perspectiva teológica, una respuesta amplia, completa y… sustanciosa. Si la urgencia pastoral conlleva sólo una multiplicación de la presencia del clero en las redes sociales, algo se pierde. La multiplicación del Pan de Vida debe acompañar a esta multiplicación de la visibilidad eclesial y nutrirla.</p><p>En lo que respecta a lo virtual, por supuesto, es de gran valor poder seguir la celebración de la Eucaristía en Internet o en la televisión  cuando uno está enfermo, aislado o confinado. Ante la imposibilidad de poder participar, uno puede asociarse en directo a los celebrantes; y así, muchos pastores han hecho todo lo posible para llegar a todos los que les han sido confiafos. Ahora bien, este no puede ser el régimen habitual de los cristianos; en Pascua, cuando celebramos el misterio central de nuestra fe, muchos fieles sienten una carencia, un vacío. ¡Es un signo de salud de su parte! Por supuesto que no se trata de un "ayuno eucarístico" lo que estarían poniendose en práctica -el padre François-Marie Léthel habló de ello en uno de sus artículos- sino de una privación de lo que les hace vivir. ¿Cómo  afrontar entonces esta situación? Lo virtual no es una solución milagrosa, e incluso la perspectiva sobre acerca de lo virtual no es igual en todas partes. Recientemente el teólogo ortodoxo Jean Zizioulas expresó su desacuerdo con la transmisión de la liturgia divina por televisión...</p><p><strong><em>Se tiene la impresión de que algunos sacerdotes se resignan a esta situación y que muchos fieles han renunciado a recibir la comunión. ¿Es bueno resignarse y decir que ya  llegarán tiempos mejores en los que podremos recibir la comunión?</em></strong></p><p>Hay una dimensión de la virtud cristiana que se ejerce cuando uno acepta las cosas como son. ¡La realidad dice la verdad! Es obvio que las medidas de higiene que se nos recomiendan, e incluso que nuestros Estados imponen, deben ser escrupulosamente respetadas. El cristiano no está por encima de la ley. La verdadera ley está siempre al servicio del bien común. Este es la situación actual en la se requiere esfuerzos por nuestra parte. La ordenación presbiteral no priva al sacerdote de los condicionamientos físicos y biológicos. ¡Un sacerdote destinado a encontrar un gran número de personas diferentes debido a su ministerio pastoral, puede - si está enfermo - contaminar a todos aquellos a los que ha querido servir!</p><p>También se podría pensar en la comparación de la Iglesia como un "hospital de campaña" que hizo el Papa Francisco. Los ministros del Señor que, en definitiva, son también "enfermeros o médicos" de las almas, podrían inspirarse en las exigencias sanitarias de la profesión médica cuando realizan el ejercicio pastoral.</p><p>La imposibilidad de que el pueblo cristiano se reúna en la Iglesia para celebrar el sacrificio eucarístico plantea una doble cuestión: la de la presencia en la misa y la de la comunión. La celebración de la misa ante el pueblo reunido es indudablemente imposible en las condiciones actuales. Es doloroso y lamentable; pero tal reunión conlleva, según los especialistas, un importante factor de riesgo para todos los que participan en la asamblea. Además, hay otro aspecto a tener en cuenta: la comunión eucarística, el contacto con el Cuerpo vivo y vivificante de Cristo. ¿No podríamos imaginar que el Cuerpo Eucarístico de Cristo sea llevado a los fieles para que puedan recibir la comunión respetando la tradición de la Iglesia? ¿No se hace esto normalmente para los enfermos? Es más, la presencia del tabernáculo y la reserva eucarística se justifican históricamente por tal necesidad de llevar la comunión a los enfermos. Durante diez años fui capellán  de un centro de lucha contra el cáncer, el Instituto Bergonié, en Burdeos. Cientos de veces llevé el Cuerpo de Cristo a personas en el hospital...</p><p><strong><em>Pero ¿cómo hacerlo concretamente? ¿Quién podría encargarse de ello y cómo?</em></strong></p><p>Durante el Sínodo para la Amazonía, una de las propuestas fue la ordenación de <em>viri probati</em>. La preocupación de los Padres Sinodales era, según un obispo, encontrar la manera de "hacer presente la Eucaristía en las comunidades aisladas". El Santo Padre no adoptó esta solución en su Exhortación Apostólica. Aquello que se escuchó en el Sínodo sobre la necesidad de la Eucaristía en estas comunidades <em>aisladas</em> del Amazonas sigue siendo relevante hoy en día. Hoy el mundo está experimentando una situación global de <em>aislamiento</em> que sufren nuestras familias, nuestras comunidades religiosas, nuestros amigos célibes o solos encerrados en sus casas.</p><p>Probablemente aún no hemos desarrollado suficientemente todas las riquezas que ofrece la noción de la <em>Iglesia doméstica</em>. Tal vez deberíamos retomar algunas de las prácticas del régimen eucarístico experimentado en la iglesia antigua, o en tiempos de peligro o guerra, para sostener la fe de los creyentes. ¿Qué nos impide, por ejemplo, confiar la reserva eucarística a quienes sean cabeza de familia que practican cada domingo y que son fieles al sacramento de la penitencia, de poder dar la comunión a sus familias el día de Pascua, después de haber recibido al Señor bajo su techo de la manera más digna posible? Esto obviamente se aplica a los fieles que trascurren este tiempo de confinamiento juntos, o incluso, a los fieles aislados. Por supuesto que debe haber un juicio, un "discernimiento" por parte de los pastores. Habría que estudiar las cuestiones prácticas sobre "cómo hacerlo". Por ejemplo, por parte del sacerdote, esto requeriría que tomara las máximas precauciones higiénicas en la preparación de las custodias y hostias, sin haberlas manipulado con las manos desnudas. O también incluso se debería preparar un vademécum (texto, vídeo) juntos con los textos litúrgicos sobre la administración de la Eucaristía. Además, por parte de los fieles, sería necesario preparar a los que que llevarán el Cuerpo de Cristo a sus hogares ¡En Francia, en España, en Italia existen, incluso hoy en día, muchos castillos con una capilla privada! Sin tener que construir una capilla, aquellos que quieran recibir la Eucaristía en casa podrían preparar un espacio digno, orante y bello. Así como damos la bienvenida simbólicamente a la humanidad de Cristo en nuestros pesebres, así también podríamos darle la bienvenida verdaderamente en nuestros hogares.</p><p>Esto nos acercaría a la idea de una "Iglesia en salida", "cercana al pueblo y menos clerical". ¿Por qué actualmente sólo el clero tiene la posibilidad <em>real </em>de acceder al Cuerpo de Cristo, mientras que los laicos siguen siendo destinatarios de las iniciativas <em>virtuales</em> propuestas por el clero? Cristo no puede quedarse en la sacristía, su cuerpo en el tabernáculo, en tanto que los fieles no pueden tener acceso a él... Lo mismo pasa cuando ciertas iglesias-museo son más frecuentadas por turistas que por la gente que reza. ¿Quién debería ir a predicar en los caminos de Galilea? En la frase "la Iglesia en salida" el sujeto de la acción es Cristo y los cristianos que están unidos a Él. Los cristianos somos <em>Cristóforos</em>, portadores de Cristo en virtud de nuestro bautismo, y en lo que respecta a los ministros ordenados, en virtud de una misión con respecto al don de su amor misericordioso. Es para eso que los sacerdotes están marcados con el sello de Cristo, configurados a Él. El gran desafío es estar abiertos a Cristo, para dejarlo pasar en nosotros; él va delante de nosotros gracias a la fuerza del Espíritu.</p><p>En conclusión, me parece que no podemos pasar por alto algo muy importante en estos tiempos de crisis. No debemos perder esta oportunidad de renovación interior, en el corazón de la Iglesia, en el vínculo y la unión de sus miembros. Hay algo vital, esencial, que toca las raíces mismas de la ontología eclesial. La Iglesia, Cuerpo Místico, vive del Cuerpo Verdadero. La Iglesia vive sólo de Él, a través de la acción del Espíritu. Ninguna iniciativa virtual, ningún ejercicio de piedad - incluso las indulgencias - pueden reemplazar este alimento espiritual, el <em>Panis vivus,</em> del cual cientos de miles de laicos se verán privados para estas celebraciones de Pascua. ¿Cuáles serían las repercusiones de esta privación de la Eucaristía en el Cuerpo Místico? El marchitamiento, la muerte. Sin el Cuerpo vivificante, la Iglesia se muere. "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida", dice el Señor (Jn 14, 6). Tomad y comed.</p><p> </p> <a href="https://fr.zenit.org/articles/la-privation-de-leucharistie-dans-le-corps-mystique-par-le-fr-jean-ariel-bauza-salinas-op/" target="_blank" role="button" rel="noopener noreferrer"> Leer Original </a>

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