advient Adviento

Pequeña reflexión sobre el Adviento

una pequeña reflexión sobre el Adviento enviadas por Carlos Romero Mensaque

PRIMERA REFLEXIÓN

Vengo hasta vosotros como laico predicador de la Fraternidad “Fray Bartolomé de las Casas” de este convento de San Jacinto para anunciaros una Buena Noticia “La Palabra se ha hecho carne y acampó entre nosotros”. Vengo también con la misión de ofrecer una breve meditación que haga más comprensible la grandeza del Dios que nace en cada uno de nosotros, unirnos a la gran Esperanza de una Humanidad que, aun en tanta oscuridad, sigue aguardando la Estrella de la Salvación. Vengo, en fin, como humilde mendicante para solicitar una pequeña limosna: un momento de vuestro tiempo para compartir una reflexión sobre este tiempo de preparación para la Navidad.

La gloria de Dios es que el hombre viva y lo haga en plenitud. Tantó nos amó el Señor que quiso enviar a su Hijo en nuestra propia carne, como uno de nosotros. Él acortó las distancias que parecían insalvables. La Tierra se hizo cielo para que el hombre conociera cara a cara a Dios.

Nuestra Orden de Predicadores quiere vivir con vosotros esta nuestra espiritualidad de sentirnos profundamente Pueblo de Dios, de ese Dios que se hace hombre para salvarnos y perdonarnos de nuestras mediocridades, de ese mal que nos impide verle, de la muerte definitiva y devolvernos la Alegría y la Esperanza.

Sí, queremos ser junto a vosotros predicadores de Esperanza, vivir junto a María la ilusión de la espera, tras ese Sí humilde, pero comprometido ante el primer anuncio de la Navidad. Y, hacerlo, como Ella, en la contemplación callada de la Palabra de Dios, asumiendo la Gracia como parte de su vida y compartiéndola a manos llenas a pesar de la incredulidad, la duda y la desconfianza.

Nuestro padre Santo Domingo vivía con intensidad esta espera junto a María en las prolongadas y casi angustiosas vigilias de oración en Santa Sabina, pero en ellas renovaba el gran milagro de la Encarnación del Verbo y se llenaba de ese Amor contagioso que necesitaba también dar a manos llenas. Estos advientos dominicanos se convertían en Navidad cuando la luz de la mañana le devolvía la Alegría y marchaba con ánimos renovados a ser predicador de la gracia, del amor contemplado junto a sus hermanos.

Dominicos en la rutina de cada día: familia, trabajo, preocupaciones,  los laicos queremos ser y sentirnos servidores del proyecto del Reino de Dios que se inagura con la Navidad. Como Domingo, contemplar y dar lo contemplado en la oración, y también mostrar a los hombres, nuestros hermanos, vosotros, el verdadero rostro de Dios que nace cada día, en su rutina, en el corazón de todos.

Porque es verdad, Dios nace en nosotros cada día, en cada momento, aunque la Iglesia nos proponga este tiempo de Navidad para hacerlo más clarividente a través de la meditación de la Palabra y la celebración eucarística. El Dios Omnipotente, Creador de todo lo que existe, se hace hombre como nosotros. Es la gran Alegría, el gran Misterio, pero también la gran Esperanza.

La Navidad es el gran momento de Dios y también del hombre. Dios se hace solidario con nosotros, con nuestras esperanzas, con nuestros sufrimientos. Tendríamos que hacernos conscientes de esta gran novedad y mostrarnos agradecidos, pero a la vez comprometidos con esta iniciativa de Dios, porque Él quiere contar con nosotros para nacer más allá de las fiestas y celebraciones. Quiere nuestro sí. Lo espera esta noche y todas las noches de nuestra vida. Sólo así vendrá la Navidad.

TEXTO 1

Te creíamos tan lejos, tan en las nubes,
que no nos hacemos a la idea
de que seas un Dios entre  

Te creíamos distante,
intocable, escondido,
perdido en ese rincón último
donde están los que no quieren saber nada
con los hombres pecadores.

Pero Tú has bajado,
Tú has entrado en el mundo,
no sólo para visitarnos,
sino para ser de los nuestros,
compartiendo todo con nosotros,
menos nuestra condición de pecadores.

Ahora ya se te puede encontrar
por nuestros caminos,
entre nuestros semejantes.
Ahora ya late tu corazón
donde está el corazón del hombre,
nuestro propio corazón.

Dios con nosotros,
enséñanos a reconocerte
en todo el bien que se hace,
en todos los llantos que suenan,
en todos los ojos que buscan la paz,
en nuestra Parroquia que, una vez más,
se ha querido  reunir en tu nombre.

Dios con nosotros, Dios cercano,
condúcenos a la verdadera libertad,
a la verdadera Caridad
que sólo nace de la Verdad, de tu Verdad,
al amor que se entrega sin esperar
como el tuyo
que nos sostiene y anima.

(ORACIÓN JOVEN. CCS)

 

TEXTO 2

Hay un cuadro famoso que representa a Jesús en un jardín oscuro. Con la mano izquierda sostiene una lámpara que ilumina la escena. Con la derecha llama a una puerta pesada y oscura.

Cuando el pintor mostró el cuadro por vez primera en una exposición, un visitante le hizo notar un detalle curioso.

– En el cuadro hay un error. La puerta no tiene picaporte para abrir.

– No es un error –respondió el pintor- Esa es la puerta del corazón humano y sólo se abre desde dentro.

Dios tiene la infinita paciencia de llamar a las puertas del corazón del hombre y sabe esperar a que le abramos.

 

SEGUNDA REFLEXIÓN

El Señor sale siempre a nuestro encuentro. Debemos ser muy consciente de ello y estar preparados para recibirlo. Bien sabe Él de nuestras debilidades: olvidos, indiferencias, egoísmos, afán de riquezas, envidias, odios… En el fondo, cada uno de nosotros somos como ese pesebre humilde de Belén, con poco resguardo del frío, oscuro y quizá un poco húmedo. Pero Él está decidido a nacer, está decidido a aceptarnos como somos y a amarnos… No se deja nacer simplemente. Para eso ha venido y sigue viniendo.

¿Cómo es mi pesebre? ¿En qué establo se encuentra? Reflexionemos sobre mi entorno vital: familia, amigos…y enemigos, compañeros de trabajo…¿Cómo son las comunidades cristianas en que espero la Navidad?

Es importante reflexionar, escuchar la Palabra. Los Dominicos no sólo somos predicadores, sino también contemplativos. Como vimos antes con Santo Domingo. Nuestras hermanas, desde sus conventos, son el paradigma de esta prioridad de la Orden de Predicadores. Ellas nos ayudan, y de qué manera, en nuestra misión de cada día. A ellas acudimos con la confianza que nos otorga su ejemplo de vida humilde y sencilla. Muchas veces les he pedido su oración en situaciones de dificultades y aridez. Ser laico y vivir en un mundo complicado y convulso, te hace vacilar y hasta caer. Las sé receptivas, cariñosas. Siento como su oración se hace mía y esto me devuelve la esperanza en Dios, en los hombres.

Volvamos a nuestro pesebre de Belén. Preparemos el corazón al Señor que viene…sin condiciones, sin prejuicios. Es verdad que le esperamos con ilusión y también con temor, pero también Él tiene sus esperanzas puestas en nosotros. De que yo le acoja con mi Sí va a depender mucho mi misión, mi propio ser cristiano. Él espera mucho de mí, de Ti.

Y, al mismo tiempo, me quiere dispuesto no sólo a darle mi calor, mi ternura, a cuidarlo en esos primeros momentos en que necesita de todo mi ser para vivir, como cualquier recién nacido…sino a compartir esos cuidados con mis hermanos los hombres: la compasión, la misericordia. La Compasión no es llorar por otro, sino llorar con otro, acompañarle, respetar sus silencios… Nuestro mundo necesita la verdadera compasión, una compasión activa, diligente, comprometida.

Y, en este Año Santo de la Misericordia, tendríamos los cristianos, los dominicos que mostrar verdaderas entrañas de misericordia como se dice en el Prefacio ante una humanidad que sigue esperando una Salvación palpable, confiable. El logotipo basado en la Parábola del Hijo Pródigo es bien elocuente. Tenemos que hacer visible, palpable que Dios camina con el hombre, como Padre, como Madre y que Él necesita de nosotros para ser sus brazos, para poner su corazón en nuestro corazón.

No nos podemos permitir no usar la misericordia. No podemos dejarnos llevar por el desánimo, por la decepción que nos producen los innumerables testimonios de hipocresía, odio, de envidias, de muerte…incluso en nombre de Dios, incluso por los que lo predicamos.

 

TEXTO 1

Dios está viniendo

Dios está viniendo.
Él viene en su Palabra,
en su Espíritu que nos da la fe,
en los sacramentos de la Iglesia,
en las luchas y alegrías de la vida,
en cada uno de nuestros hermanos,
sobre todo en los más pobres y sufridos.
Hay que saber esperar a Dios.
Hay que saber buscar a Dios.
Hay que saber descubrir a Dios.

Y mira que hay muchos que se cansan de esperar,
porque la vida se ha puesto muy dura
y los poderosos siempre aplastan al pueblo.
Y hay muchos que no saben buscar a Dios
día a día, en el trabajo, en casa, en la calle,
en la lucha por los derechos de todos,
en la oración, en la fiesta alegre de los hermanos unidos,
e incluso más allá de la muerte.

El maíz y el arroz están naciendo, hermosos.
Ha llegado el Adviento.
Luego llegará la Navidad.
Dios está llegando siempre.
Abramos los ojos de la fe,
abramos los brazos de la esperanza,
abramos el corazón del amor.

(Pedro Casaldáliga)

 

TEXTO 2

Érase una vez una pobre anciana. Vivía cerca del desierto, donde moraban unos monjes llamados “estilitas”. Vivían acurrucados sobre columnas, día y noche en oración.

La viejecita solía compartir su pobre comida,-un poco de pan y leche de cabra-, con el monje más cercano al poblado.

Pero un día le quiso llevar algo especial: una cesta repleta de sabrosos racimos de uvas.

El monje se alegró mucho y no encontraba palabras para agradecer a la anciana. Y ya se disponía a saborear los jugosos frutos, cuando se acordó de su compañero que vivía a una hora de camino por el desierto. -El sol y el viento del desierto le está resecando la garganta-, pensaba- y necesitará refrescarse con estos racimos.

Y sin más, emprendió el largo camino que le separaba de su compañero.

Cuando llegó, cansado, a los pies de la columna, ató la cesta al cordel que el monje le había bajado desde lo alto, luego se despidió con un amplio abrazo dibujado en el aire.

Al tener entre sus manos la cesta, el santo varón dio un salto de alegría tan grande que casi se cae.  Pero, de improviso, se quedó pensativo. Se acordó del monje que vivía en otra columna, a dos horas del camino. -El sol y el viento del desierto está agobiando también a mi compañero-, se dijo,- y necesitará refrescarse con estos racimos de uvas.

Y, sin pensarlo dos veces, bajó y se fue a toda prisa hasta la morada de su amigo y compañero.

Pero la historia no termina aquí. El mismo gesto de bondad y generosidad se repitió..una…otra…y otra vez… por el inmenso desierto.

Y la cesta, repleta de racimos de uvas, volvió a ser regalo refrescante para la vieja señora que vivía en el poblado, cerca del desierto.

 

TERCERA REFLEXIÓN

¿Cómo predicar hoy la Navidad? ¿Cómo hacerlo sin caer en los tópicos tan manidos que tanto hemos escuchado en nuestras iglesias desde los mensajes ensoñadores, dulzones y hasta melancólicos hasta esas otras palabras rompedoras de tópicos, instando a un compromiso radical que a veces asusta? El dominico tiene que predicar a tiempo y a destiempo y siempre desde la Verdad, que es Dios y quiere llegar al corazón de los hombres como un sentido, no, como el Sentido fundamental de su Vida.

Hemos reflexionado sobre la importancia de la Palabra, hemos alabado la iniciativa de un Dios que, por amor, quiere nacer entre nosotros. Hemos planteado la necesidad de ser conscientes de su Misericordia y de que ésta ha de ser también nuestra actitud, porque Él necesita de nuestra palabra y de nuestro corazón para nacer entre los hombres nuestros hermanos. Hemos valorado la experiencia contemplativa como una clave ineludible para hablar con Dios y de Dios “Contemplar y dar lo contemplado”

Pero no basta expresar todo esto con palabras cargadas de esperanza y de compromiso. Se hace precisa, además, una actitud sincera y consecuente y, sobre todo, un respeto profundo a cada persona de nuestro entorno, nuestro hermano, que, con su mayor o menor clarividencia, con su mayor o menor voluntad, con sus luces y sombras, con una conciencia quizá un tanto difusa…trata sinceramente de SER y BUSCAR un Sentido para vivir y para ser feliz.

Santo Domingo, cuando tiene que plantearse predicar a los herejes cátaros, busca la soledad de la oración, de la meditación de la Palabra, como hacía el Maestro, pero al mismo tiempo buscaba conocer de primera mano a las personas a quienes iba a predicar: no ya sus doctrinas, sino su propia vida, la experiencia de Dios que tenían. Al hacerlo, muchas de sus ideas preconcebidas se disipan, sus argumentos se matizan, lo aprendido en la escuela teológica no se le presentan con la claridad de la teoría irrebatible. Se da cuenta, como afirman tantos venerables misioneros, que el Dios que había venido a predicar ya estaba en ellos, con ellos, aunque muchas veces no eran perfectamente conscientes. La Palabra de Dios, la oración y la escucha del hermano armaban la predicación de Domingo y, a todo ello, se sumaba la profunda humildad, la que le hace despojarse de las vestiduras y oropeles oficiales de los “predicadores” y revestirse únicamente de Cristo, el único importante. Sólo así pudo hacerse escuchar. Sólo así pudo predicar más que palabras.

Y es que la predicación dominicana, la predicación de todos los que somos y nos sentimos Iglesia tiene que ser auténtica, comprometida con las personas con quienes vamos a vivir, con una actitud respetuosa y personalizada. Si no conocemos de verdad a las que personas que vamos a predicar, evitemos las generalizaciones, los prejuicios quizá infundados y vayamos sólo a ellos revestidos de Cristo y con entrañas de misericordia.

Nuestro papa Francisco, al convocar el Año Santo de la Misericordia, es bien consciente de cual debe ser la actitud del cristiano. Basta ya de predicar como si viviéramos todavía en un régimen de cristiandad. Estamos en un momento de misión. Y a Cristo hemos de predicarlo realmente como una Buena y Novedosa Noticia, no como algo que nos suene a “dejà vu”.

Predicar la Navidad es hacerlo de un Dios que nos quiere profundamente como somos, que por ese amor se hace uno de nosotros para salvarnos, pero quiere hacerlo de manera humilde, adaptándose a nuestra propia vida, comprendiendo nuestros temores, tratando de disipar nuestros prejuicios y dudas con su entrega generosa de recién nacido que quiere de nuestros cuidados, que soporta nuestras torpezas, nuestras indiferencias y aun así quiere nacer en nuestros no siempre tibios corazones.

Así pues, en esta nueva Navidad que se aproxima, acerquémonos sin prejuicios ni temor a su Misterio de Amor, dejemos la rutinas y las falsas alegrías de la calle y los medios de comunicación, busquemos el silencio de la oración y encontremos en la Palabra nuestra propia Palabra, la que Él te tiene preparada para Ti, la que te llena por completo, la que nos hace decirle Sí y después vayamos a nuestro hermano con alegría, contagiémosle de nuestra Esperanza con humildad, con misericordia y con respeto.

 

TEXTO 1

Apaguemos las luces del mundo, para que allá al fondo,
en la oscuridad de la vida, amanezca la estrella
¿Qué tengo que ver yo contigo, Señor? –dice la estrella a Dios-
Tendrás mucho que ver, si guías a los hombres
al que es Salvación
Encendamos pues, hermanos, la estrella de la fe;
dejémonos guiar y seducir por ella
su resplandor nos dejará cara a cara con Cristo
¡Luce! ¡Brilla en lo más alto divina estrella!
Para que, mirándote a ti, sólo a ti
no vea ni descubra a nadie que no sea sino Dios
Apaguemos, apaguemos las luces del mundo,
todo que distorsiona nuestras miradas
aquello que distrae nuestro buscar al Señor
Viene el Señor y, lo bueno de todo,
es que viene pequeño, humilde y humanado
El Dios que tanto habló a los reyes y a los profetas
en Belén, en esta hora misteriosa,
no silabea, no dice nada…pero lo dice todo: AMOR
Amor por el hombre: y baja del cielo
Amor por el hombre: y nace en la tierra
Amor por el hombre: y gime en un portal
Escuchad, hermanos, escuchad:
son los ángeles que anuncian la gran noticia
a un mundo que, hoy como entonces,
a Dios le cuesta acoger y recibir
Son los ángeles quienes, con trompetas afinadas
con diapasón angelical
nos marcan el sendero que conduce hasta Belén
¡Vayamos! ¡Corramos! ¡Nos postremos ¡ ¡Adoremos!
Apaguemos las luces del mundo
porque, las luces artificiales,  frente al lucero divino,
no son nada y nos alejan de Dios

(Javier Leoz)

 

REFUGIO NOCTURNO

Me han contado que en Nueva York,
en la esquina de la calle veintiséis con Broadway,
en los meses de invierno, hay un hombre todas las noches
que, rogando a los transeúntes,
procura un refugio a los desamparados que allí se reúnen.
Al mundo así no se le cambia,
las relaciones entre los hombres no se hacen mejores.

No es esta la forma de hacer más corta la era de la explotación.
Pero algunos hombres tienen cama por una noche,
durante toda una noche están resguardados del viento
y la nieve a ellos destinada cae en la calle.

No abandones el libro que te lo dice, hombre.
Algunos hombres tienen cama por una noche,
durante toda una noche están resguardados del viento
y la nieve a ellos destinada cae en la calle.

Pero al mundo así no se le cambia,
las relaciones entre los hombres no se hacen mejores.
No es esta la forma de hacer más corta la era de la explotación.

Bertold Brech

(“Poemas y canciones”)

 

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una pequeña reflexión sobre el Adviento enviadas por Carlos Romero Mensaque PRIMERA REFLEXIÓN Vengo hasta vosotros como laico predicador de la Fraternidad “Fray Bartolomé de las Casas” de este convento de San Jacinto para anunciaros una Buena Noticia “La Palabra se ha hecho carne y acampó entre nosotros”. Vengo también con la...
<em>una pequeña reflexión sobre el Adviento enviadas por Carlos Romero Mensaque</em> <h2><strong>PRIMERA REFLEXIÓN</strong></h2> Vengo hasta vosotros como laico predicador de la Fraternidad “Fray Bartolomé de las Casas” de este convento de San Jacinto para anunciaros una Buena Noticia “La Palabra se ha hecho carne y acampó entre nosotros”. Vengo también con la misión de ofrecer una breve meditación que haga más comprensible la grandeza del Dios que nace en cada uno de nosotros, unirnos a la gran Esperanza de una Humanidad que, aun en tanta oscuridad, sigue aguardando la Estrella de la Salvación. Vengo, en fin, como humilde mendicante para solicitar una pequeña limosna: un momento de vuestro tiempo para compartir una reflexión sobre este tiempo de preparación para la Navidad. La gloria de Dios es que el hombre viva y lo haga en plenitud. Tantó nos amó el Señor que quiso enviar a su Hijo en nuestra propia carne, como uno de nosotros. Él acortó las distancias que parecían insalvables. La Tierra se hizo cielo para que el hombre conociera cara a cara a Dios. Nuestra Orden de Predicadores quiere vivir con vosotros esta nuestra espiritualidad de sentirnos profundamente Pueblo de Dios, de ese Dios que se hace hombre para salvarnos y perdonarnos de nuestras mediocridades, de ese mal que nos impide verle, de la muerte definitiva y devolvernos la Alegría y la Esperanza. Sí, queremos ser junto a vosotros predicadores de Esperanza, vivir junto a María la ilusión de la espera, tras ese Sí humilde, pero comprometido ante el primer anuncio de la Navidad. Y, hacerlo, como Ella, en la contemplación callada de la Palabra de Dios, asumiendo la Gracia como parte de su vida y compartiéndola a manos llenas a pesar de la incredulidad, la duda y la desconfianza. Nuestro padre Santo Domingo vivía con intensidad esta espera junto a María en las prolongadas y casi angustiosas vigilias de oración en Santa Sabina, pero en ellas renovaba el gran milagro de la Encarnación del Verbo y se llenaba de ese Amor contagioso que necesitaba también dar a manos llenas. Estos advientos dominicanos se convertían en Navidad cuando la luz de la mañana le devolvía la Alegría y marchaba con ánimos renovados a ser predicador de la gracia, del amor contemplado junto a sus hermanos. Dominicos en la rutina de cada día: familia, trabajo, preocupaciones,  los laicos queremos ser y sentirnos servidores del proyecto del Reino de Dios que se inagura con la Navidad. Como Domingo, contemplar y dar lo contemplado en la oración, y también mostrar a los hombres, nuestros hermanos, vosotros, el verdadero rostro de Dios que nace cada día, en su rutina, en el corazón de todos. Porque es verdad, Dios nace en nosotros cada día, en cada momento, aunque la Iglesia nos proponga este tiempo de Navidad para hacerlo más clarividente a través de la meditación de la Palabra y la celebración eucarística. El Dios Omnipotente, Creador de todo lo que existe, se hace hombre como nosotros. Es la gran Alegría, el gran Misterio, pero también la gran Esperanza. La Navidad es el gran momento de Dios y también del hombre. Dios se hace solidario con nosotros, con nuestras esperanzas, con nuestros sufrimientos. Tendríamos que hacernos conscientes de esta gran novedad y mostrarnos agradecidos, pero a la vez comprometidos con esta iniciativa de Dios, porque Él quiere contar con nosotros para nacer más allá de las fiestas y celebraciones. Quiere nuestro sí. Lo espera esta noche y todas las noches de nuestra vida. Sólo así vendrá la Navidad. <h3>TEXTO 1</h3> <em>Te creíamos tan lejos, tan en las nubes, </em><em>que no nos hacemos a la idea </em><em>de que seas un Dios entre </em><em> </em> <em>Te creíamos distante, </em><em>intocable, escondido, </em><em>perdido en ese rincón último </em><em>donde están los que no quieren saber nada </em><em>con los hombres pecadores.</em> <em>Pero Tú has bajado, </em><em>Tú has entrado en el mundo, </em><em>no sólo para visitarnos, </em><em>sino para ser de los nuestros, </em><em>compartiendo todo con nosotros, </em><em>menos nuestra condición de pecadores.</em> <em>Ahora ya se te puede encontrar </em><em>por nuestros caminos, </em><em>entre nuestros semejantes. </em><em>Ahora ya late tu corazón </em><em>donde está el corazón del hombre, </em><em>nuestro propio corazón.</em> <em>Dios con nosotros, </em><em>enséñanos a reconocerte </em><em>en todo el bien que se hace, </em><em>en todos los llantos que suenan, </em><em>en todos los ojos que buscan la paz, </em><em>en nuestra Parroquia que, una vez más, </em><em>se ha querido  reunir en tu nombre.</em> <em>Dios con nosotros, Dios cercano, </em><em>condúcenos a la verdadera libertad, </em><em>a la verdadera Caridad </em><em>que sólo nace de la Verdad, de tu Verdad, </em><em>al amor que se entrega sin esperar </em><em>como el tuyo </em><em>que nos sostiene y anima.</em> (ORACIÓN JOVEN. CCS)   <h3>TEXTO 2</h3> Hay un cuadro famoso que representa a Jesús en un jardín oscuro. Con la mano izquierda sostiene una lámpara que ilumina la escena. Con la derecha llama a una puerta pesada y oscura. Cuando el pintor mostró el cuadro por vez primera en una exposición, un visitante le hizo notar un detalle curioso. - En el cuadro hay un error. La puerta no tiene picaporte para abrir. - No es un error –respondió el pintor- Esa es la puerta del corazón humano y sólo se abre desde dentro. <em>Dios tiene la infinita paciencia de llamar a las puertas del corazón del hombre y sabe esperar a que le abramos.</em>   <h2><strong>SEGUNDA REFLEXIÓN</strong></h2> El Señor sale siempre a nuestro encuentro. Debemos ser muy consciente de ello y estar preparados para recibirlo. Bien sabe Él de nuestras debilidades: olvidos, indiferencias, egoísmos, afán de riquezas, envidias, odios… En el fondo, cada uno de nosotros somos como ese pesebre humilde de Belén, con poco resguardo del frío, oscuro y quizá un poco húmedo. Pero Él está decidido a nacer, está decidido a aceptarnos como somos y a amarnos… No se deja nacer simplemente. Para eso ha venido y sigue viniendo. ¿Cómo es mi pesebre? ¿En qué establo se encuentra? Reflexionemos sobre mi entorno vital: familia, amigos…y enemigos, compañeros de trabajo…¿Cómo son las comunidades cristianas en que espero la Navidad? Es importante reflexionar, escuchar la Palabra. Los Dominicos no sólo somos predicadores, sino también contemplativos. Como vimos antes con Santo Domingo. Nuestras hermanas, desde sus conventos, son el paradigma de esta prioridad de la Orden de Predicadores. Ellas nos ayudan, y de qué manera, en nuestra misión de cada día. A ellas acudimos con la confianza que nos otorga su ejemplo de vida humilde y sencilla. Muchas veces les he pedido su oración en situaciones de dificultades y aridez. Ser laico y vivir en un mundo complicado y convulso, te hace vacilar y hasta caer. Las sé receptivas, cariñosas. Siento como su oración se hace mía y esto me devuelve la esperanza en Dios, en los hombres. Volvamos a nuestro pesebre de Belén. Preparemos el corazón al Señor que viene…sin condiciones, sin prejuicios. Es verdad que le esperamos con ilusión y también con temor, pero también Él tiene sus esperanzas puestas en nosotros. De que yo le acoja con mi Sí va a depender mucho mi misión, mi propio ser cristiano. Él espera mucho de mí, de Ti. Y, al mismo tiempo, me quiere dispuesto no sólo a darle mi calor, mi ternura, a cuidarlo en esos primeros momentos en que necesita de todo mi ser para vivir, como cualquier recién nacido…sino a compartir esos cuidados con mis hermanos los hombres: la compasión, la misericordia. La Compasión no es llorar por otro, sino llorar con otro, acompañarle, respetar sus silencios… Nuestro mundo necesita la verdadera compasión, una compasión activa, diligente, comprometida. Y, en este Año Santo de la Misericordia, tendríamos los cristianos, los dominicos que mostrar verdaderas entrañas de misericordia como se dice en el Prefacio ante una humanidad que sigue esperando una Salvación palpable, confiable. El logotipo basado en la Parábola del Hijo Pródigo es bien elocuente. Tenemos que hacer visible, palpable que Dios camina con el hombre, como Padre, como Madre y que Él necesita de nosotros para ser sus brazos, para poner su corazón en nuestro corazón. No nos podemos permitir no usar la misericordia. No podemos dejarnos llevar por el desánimo, por la decepción que nos producen los innumerables testimonios de hipocresía, odio, de envidias, de muerte…incluso en nombre de Dios, incluso por los que lo predicamos.   <h3>TEXTO 1</h3> <h4>Dios está viniendo</h4> <em>Dios está viniendo.</em><em> Él viene en su Palabra, en su Espíritu que nos da la fe, en los sacramentos de la Iglesia, en las luchas y alegrías de la vida, en cada uno de nuestros hermanos, sobre todo en los más pobres y sufridos. Hay que saber esperar a Dios. Hay que saber buscar a Dios. Hay que saber descubrir a Dios. Y mira que hay muchos que se cansan de esperar, porque la vida se ha puesto muy dura y los poderosos siempre aplastan al pueblo. Y hay muchos que no saben buscar a Dios día a día, en el trabajo, en casa, en la calle, en la lucha por los derechos de todos, en la oración, en la fiesta alegre de los hermanos unidos, e incluso más allá de la muerte. El maíz y el arroz están naciendo, hermosos. Ha llegado el Adviento. Luego llegará la Navidad. Dios está llegando siempre. Abramos los ojos de la fe, abramos los brazos de la esperanza, abramos el corazón del amor.</em> (Pedro Casaldáliga)   <h3>TEXTO 2</h3> Érase una vez una pobre anciana. Vivía cerca del desierto, donde moraban unos monjes llamados "estilitas". Vivían acurrucados sobre columnas, día y noche en oración. La viejecita solía compartir su pobre comida,-un poco de pan y leche de cabra-, con el monje más cercano al poblado. Pero un día le quiso llevar algo especial: una cesta repleta de sabrosos racimos de uvas. El monje se alegró mucho y no encontraba palabras para agradecer a la anciana. Y ya se disponía a saborear los jugosos frutos, cuando se acordó de su compañero que vivía a una hora de camino por el desierto. -El sol y el viento del desierto le está resecando la garganta-, pensaba- y necesitará refrescarse con estos racimos. Y sin más, emprendió el largo camino que le separaba de su compañero. Cuando llegó, cansado, a los pies de la columna, ató la cesta al cordel que el monje le había bajado desde lo alto, luego se despidió con un amplio abrazo dibujado en el aire. Al tener entre sus manos la cesta, el santo varón dio un salto de alegría tan grande que casi se cae.  Pero, de improviso, se quedó pensativo. Se acordó del monje que vivía en otra columna, a dos horas del camino. -El sol y el viento del desierto está agobiando también a mi compañero-, se dijo,- y necesitará refrescarse con estos racimos de uvas. Y, sin pensarlo dos veces, bajó y se fue a toda prisa hasta la morada de su amigo y compañero. Pero la historia no termina aquí. El mismo gesto de bondad y generosidad se repitió..una...otra...y otra vez... por el inmenso desierto. Y la cesta, repleta de racimos de uvas, volvió a ser regalo refrescante para la vieja señora que vivía en el poblado, cerca del desierto.   <h2><strong>TERCERA REFLEXIÓN</strong></h2> ¿Cómo predicar hoy la Navidad? ¿Cómo hacerlo sin caer en los tópicos tan manidos que tanto hemos escuchado en nuestras iglesias desde los mensajes ensoñadores, dulzones y hasta melancólicos hasta esas otras palabras rompedoras de tópicos, instando a un compromiso radical que a veces asusta? El dominico tiene que predicar a tiempo y a destiempo y siempre desde la Verdad, que es Dios y quiere llegar al corazón de los hombres como un sentido, no, como el Sentido fundamental de su Vida. Hemos reflexionado sobre la importancia de la Palabra, hemos alabado la iniciativa de un Dios que, por amor, quiere nacer entre nosotros. Hemos planteado la necesidad de ser conscientes de su Misericordia y de que ésta ha de ser también nuestra actitud, porque Él necesita de nuestra palabra y de nuestro corazón para nacer entre los hombres nuestros hermanos. Hemos valorado la experiencia contemplativa como una clave ineludible para hablar con Dios y de Dios “Contemplar y dar lo contemplado” Pero no basta expresar todo esto con palabras cargadas de esperanza y de compromiso. Se hace precisa, además, una actitud sincera y consecuente y, sobre todo, un respeto profundo a cada persona de nuestro entorno, nuestro hermano, que, con su mayor o menor clarividencia, con su mayor o menor voluntad, con sus luces y sombras, con una conciencia quizá un tanto difusa…trata sinceramente de SER y BUSCAR un Sentido para vivir y para ser feliz. Santo Domingo, cuando tiene que plantearse predicar a los herejes cátaros, busca la soledad de la oración, de la meditación de la Palabra, como hacía el Maestro, pero al mismo tiempo buscaba conocer de primera mano a las personas a quienes iba a predicar: no ya sus doctrinas, sino su propia vida, la experiencia de Dios que tenían. Al hacerlo, muchas de sus ideas preconcebidas se disipan, sus argumentos se matizan, lo aprendido en la escuela teológica no se le presentan con la claridad de la teoría irrebatible. Se da cuenta, como afirman tantos venerables misioneros, que el Dios que había venido a predicar ya estaba en ellos, con ellos, aunque muchas veces no eran perfectamente conscientes. La Palabra de Dios, la oración y la escucha del hermano armaban la predicación de Domingo y, a todo ello, se sumaba la profunda humildad, la que le hace despojarse de las vestiduras y oropeles oficiales de los “predicadores” y revestirse únicamente de Cristo, el único importante. Sólo así pudo hacerse escuchar. Sólo así pudo predicar más que palabras. Y es que la predicación dominicana, la predicación de todos los que somos y nos sentimos Iglesia tiene que ser auténtica, comprometida con las personas con quienes vamos a vivir, con una actitud respetuosa y personalizada. Si no conocemos de verdad a las que personas que vamos a predicar, evitemos las generalizaciones, los prejuicios quizá infundados y vayamos sólo a ellos revestidos de Cristo y con entrañas de misericordia. Nuestro papa Francisco, al convocar el Año Santo de la Misericordia, es bien consciente de cual debe ser la actitud del cristiano. Basta ya de predicar como si viviéramos todavía en un régimen de cristiandad. Estamos en un momento de misión. Y a Cristo hemos de predicarlo realmente como una Buena y Novedosa Noticia, no como algo que nos suene a “dejà vu”. Predicar la Navidad es hacerlo de un Dios que nos quiere profundamente como somos, que por ese amor se hace uno de nosotros para salvarnos, pero quiere hacerlo de manera humilde, adaptándose a nuestra propia vida, comprendiendo nuestros temores, tratando de disipar nuestros prejuicios y dudas con su entrega generosa de recién nacido que quiere de nuestros cuidados, que soporta nuestras torpezas, nuestras indiferencias y aun así quiere nacer en nuestros no siempre tibios corazones. Así pues, en esta nueva Navidad que se aproxima, acerquémonos sin prejuicios ni temor a su Misterio de Amor, dejemos la rutinas y las falsas alegrías de la calle y los medios de comunicación, busquemos el silencio de la oración y encontremos en la Palabra nuestra propia Palabra, la que Él te tiene preparada para Ti, la que te llena por completo, la que nos hace decirle Sí y después vayamos a nuestro hermano con alegría, contagiémosle de nuestra Esperanza con humildad, con misericordia y con respeto.   <h3>TEXTO 1</h3> <em>Apaguemos las luces del mundo, para que allá al fondo, </em><em>en la oscuridad de la vida, amanezca la estrella </em><em>¿Qué tengo que ver yo contigo, Señor? –dice la estrella a Dios- </em><em>Tendrás mucho que ver, si guías a los hombres </em><em>al que es Salvación </em><em>Encendamos pues, hermanos, la estrella de la fe; </em><em>dejémonos guiar y seducir por ella </em><em>su resplandor nos dejará cara a cara con Cristo </em><em>¡Luce! ¡Brilla en lo más alto divina estrella! </em><em>Para que, mirándote a ti, sólo a ti </em><em>no vea ni descubra a nadie que no sea sino Dios </em><em>Apaguemos, apaguemos las luces del mundo, </em><em>todo que distorsiona nuestras miradas </em><em>aquello que distrae nuestro buscar al Señor </em><em>Viene el Señor y, lo bueno de todo, </em><em>es que viene pequeño, humilde y humanado </em><em>El Dios que tanto habló a los reyes y a los profetas </em><em>en Belén, en esta hora misteriosa, </em><em>no silabea, no dice nada…pero lo dice todo: AMOR </em><em>Amor por el hombre: y baja del cielo </em><em>Amor por el hombre: y nace en la tierra </em><em>Amor por el hombre: y gime en un portal </em><em>Escuchad, hermanos, escuchad: </em><em>son los ángeles que anuncian la gran noticia </em><em>a un mundo que, hoy como entonces, </em><em>a Dios le cuesta acoger y recibir </em><em>Son los ángeles quienes, con trompetas afinadas </em><em>con diapasón angelical </em><em>nos marcan el sendero que conduce hasta Belén </em><em>¡Vayamos! ¡Corramos! ¡Nos postremos ¡ ¡Adoremos! </em><em>Apaguemos las luces del mundo </em><em>porque, las luces artificiales,  frente al lucero divino, </em><em>no son nada y nos alejan de Dios</em> (Javier Leoz)   <h4>REFUGIO NOCTURNO</h4> Me han contado que en Nueva York, en la esquina de la calle veintiséis con Broadway, en los meses de invierno, hay un hombre todas las noches que, rogando a los transeúntes, procura un refugio a los desamparados que allí se reúnen. Al mundo así no se le cambia, las relaciones entre los hombres no se hacen mejores. No es esta la forma de hacer más corta la era de la explotación. Pero algunos hombres tienen cama por una noche, durante toda una noche están resguardados del viento y la nieve a ellos destinada cae en la calle. No abandones el libro que te lo dice, hombre. Algunos hombres tienen cama por una noche, durante toda una noche están resguardados del viento y la nieve a ellos destinada cae en la calle. Pero al mundo así no se le cambia, las relaciones entre los hombres no se hacen mejores. No es esta la forma de hacer más corta la era de la explotación. Bertold Brech (“Poemas y canciones”)  

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